Sobre Roquetas de Mar

El viajero que aprecie la historia y que, además, disfrute con los chapoteos playeros deberá fijar su vista en Roquetas de Mar, puesto que la villa almeriense supone toda una experiencia para el amante del pasado gracias a sus vestigios romanos y nazaríes.
De este modo, el visitante podrá embelesarse con el Castillo de Santa Ana, la Torre del Esparto y, entre monumento y monumento, sumergirse en las aguas de alguna de sus playas.
Por lo tanto, el trotamundos, ávido de experiencias y cultura, podrá saciarse en Roquetas de Mar.

Ubicación

Dicha localidad se encuentra en la provincia de Almería, en Andalucía. Hasta allí deberá desplazarse el viajero para “empacharse” de monumentos como la iglesia parroquial, construida en 1757 y que aguarda a los devotos de la cámara de fotos en la plaza de la Constitución, a la vera de la casa consistorial de la ciudad.

Playas

Pero no sólo de bellos monumentos vive el hombre…, así que el trotamundos podrá lucir bañador en alguna de las muchísimas playas de la urbe: la de Aguadulce, la Romanilla, Serena y la de San Agustín, entre otros relajantes puntos del mapa costero de Roquetas.

Atracciones

El paraje de Roquetas de Mar ha despertado pasiones entre pueblos como el romano, el griego o el musulmán. De hecho, hasta los ingleses en el siglo XVIII intentaron colonizarla, pero se dieron de bruces con la férrea defensa local y tuvieron que enfilar el camino de la retirada. Así, como recuerdo del tránsito de todas estas civilizaciones por la villa mediterránea, han quedado vestigios como los yacimientos arqueológicos de Torrequebrada, de origen fenicio, o el castillo de Santa Ana, levantado en el siglo XVI. Para aquellos viajeros curtidos en el submarinismo, el fondo marino de Roquetas les depara encuentros con una barrera de posidonia que se extiende a lo largo de de más de un millón de metros cuadrados y que se ha ganado el reconocimiento de Monumento Natural.

Gastronomía

El estómago del viajero está de enhorabuena dado que Roquetas apabulla con una cocina rica en platos marineros como “arroz aparte” o el “escabechado de pescado”. Así que una vez aposentado en su mesa, el comensal ha de “salir a pasear” por unos sabores como los que proporcionan las “patatas en ajopollo”, las “tarbinas”,  los “fideos con pescado frito” o el “cocido de troncos de acelgas”. Si es que Roquetas constituye el mejor de los puertos para adentrarse en las exquisiteces del mar.